



SOSTENIBLEMENTE
RESPONSABLES

Trabajamos con pequeños productores que cultivan sus viñedos de manera tradicional, seleccionando parcelas de cepas viejas cultivadas en vaso, en distintos suelos y altitudes de la geografía valenciana. Adquirimos la uva directamente de viticultores locales, garantizando precios justos y contribuyendo a la continuidad de un oficio transmitido de generación en generación.
Apostamos por variedades autóctonas y por partidas de uva de gran calidad, que tratamos con el máximo cuidado y respeto en cada etapa del proceso. Para nosotros, elaborar vino no es solo una cuestión de producto, sino de compromiso con la tierra y con quienes la trabajan.
Cada botella de Cal Clavero no es solo un vino único, sino una manera de preservar una cultura arraigada en nuestro territorio. Una inversión directa en el futuro de los pequeños viticultores, en la continuidad de un patrimonio que forma parte de nuestra identidad.
«PAGAMOS PRECIOS JUSTOS AL AGRICULTOR Y AL RESTO DE PROVEEDORES, ASEGURANDO SU CONTINUIDAD Y LA DEL PAISAJE»


La relación entre Alboraya y el vino tiene raíces profundas, aunque discretas dentro del paisaje agrícola de la huerta. El cultivo de la viña forma parte de la historia del territorio desde hace siglos, desde que los fenicios introdujeron la viticultura en la Península Ibérica entre los siglos VIII y VI a. C., extendiéndose progresivamente por las tierras valencianas e integrándose en el saber agrícola mediterráneo.
Con el paso del tiempo, la viña ha convivido con otros cultivos más característicos de la huerta, pero ha mantenido una presencia constante como expresión de una tradición agrícola antigua y profundamente arraigada en el territorio.
Durante las épocas romana y visigoda, zonas próximas como Sagunt destacaron por la producción y exportación de vino, consolidando una tradición vitivinícola que ha perdurado a lo largo de los siglos. Esta presencia continuada de la vid ha quedado reflejada tanto en textos históricos como en la vida cotidiana de la huerta.
En Alboraia, las parras formaban parte del paisaje habitual de las alquerías, ofreciendo sombra y uvas con las que se elaboraba vino, especialmente de moscatel. Una tradición discreta, ligada al autoconsumo y a la tierra, que hoy vuelve a cobrar sentido desde una mirada contemporánea.
VINO ELABORADO EN ALBORAYA,
L’HORTA NORD, VALÈNCIA

